Un 30 de abril como otro cualquiera…bueno, no, este era especial. Especial por muchas cosas que más tarde descubriría, pero ese día en concreto especial porque se estrenaba la última película de uno de mis directores preferidos, Hayao Miyazaki, “El viento se levanta” (Studio Ghibli).

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Ese 30 de abril de 2014, miércoles, me dispuse a aprovechar que era el día del espectador y por tanto el cine era más barato. Allí fui, con un amigo, feliz y contento. Nada había pasado esa tarde, esa semana, ese mes, e ingenuo de mi, en mi vida. Con el tiempo me daría cuenta que no fue así. Pero esa tarde pasó. Algo pasó. Con mis palomitas y refresco en mano, a mitad de película, una sensación rara me invadía el pecho. No era dolor, era una presión que me agobiaba, que me mareaba, que me oprimía el pecho. Me asusté, obvio, nunca me había pasado. Salí fuera de la sala de cine, fui al servicio a mojarme un poco la cara y me dispuse a entrar de nuevo, ya más relajado. No pasaron 5 minutos cuando aquella sensación me inundó de nuevo, esta vez más fuerte, me mareaba, tenía calambres en el brazo izquierdo. Con una sensación de mareo y muerto de miedo me marché de la sala cogiendo a mi amigo por el brazo y dejando la película a medio acabar. A mi amigo, le dije que no se asustara, pero que me tenía que llevar rápido al hospital, si, rápido. A caso me estaba dando un ataque al corazón? En mi cabeza todo decía que si. Después de miles de pruebas, en donde nadie me decía nada, estando incomunicado de mi familia, sin un pronostico, a las 24 horas del ingreso en urgencias me dicen que no fue nada, que fue un ataque de ansiedad; y me fui para mi casa con una receta de paracetamol bajo el brazo. A los dos días tuve que volver. Era la misma sensación, no sabía que me pasaba, era nuevo para mi, era otro ataque al corazón? No, era de nuevo ansiedad. Nadie me había explicado que era, que se sentía…creo que a día de hoy aun no lo se con claridad (pero eso será otra historia).

Esta es una pequeña introducción de como llegó la ansiedad a mi vida y que a su vez me vale para introduciros este blog. No tengo ninguna pretensión. Llevo casi 3 años conviviendo con la ansiedad, bajo tratamiento psicológico, psiquiátrico, etc.; y desde hace un par de meses, la idea de hacer un blog para ayudarme, para verbalizar lo que me ocurre, lo que pasa por mi mente, rondaba en mi cabeza. Hoy, por fin me he decidido. Quizás ha nadie le interese, pero cuando mis primeros meses (año) con ansiedad intentaba buscar ayuda por internet, que es de lo primero que echamos mano, solo encontraba páginas en las que se hablaba de pastillas y medicación. Os preguntareis entonces…porque ponerle nombre de pastilla al blog? Porque es mi mayor miedo, el tener que tomarme una pastilla, una pastillita que te cabe en el pulgar, aparentemente inofensiva, pero que a la vez de salvarme de muchas crisis, me provoca un pavor inmenso el tener que depender de ella el resto de mi vida.

Por lo que escribir un blog (más allá de la medicación), contando como es mi día a día con la ansiedad, como a afectado (no digo que ni bien ni mal) a mis relaciones familiares, amistosas, amorosas, laborales, educativas, como perdí casi 40 kilos de peso por motivos de salud, como explicarle a la gente que no te pasa nada, porque no tiene un efecto físico visible, pero por dentro te está destrozando, etc., creo que no solo me puede ayudar a mi, si no a gente, que como yo en su día, se encuentra perdida entre foros de que medicación es mejor tomar; desde aquí solo le puedo decir a esa persona que…Tranquila, tranquilo, ni estás solo, ni se acaba el mundo, aunque muchas veces lo parezca.

Casi 3 años después de aquella sesión de cine, a día de hoy todavía no he sido capaz de acabar de ver aquella maravillosa película (otra historia que ya contaré), pero que desde luego, me dejó una frase para el recuerdo, para el resto de mi vida:

“El viento se levanta… Hay que intentar vivir” – Paul Valery

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Y vaya que si lo intento. Y seguiré intentando. Fuerte!

HASTA PRONTO